ARCHIVO HISTORICO MUNICIPAL DOLORES
Ingeniero Quadri 235 / doloresarchivohist@gmail.com / 44-0505
Juan Vucetich, nacido como Ivan Vučetić el 20 de julio de 1858 en la isla de Hvar —antigua Lesina—, en la región de Dalmacia del entonces Imperio Austrohúngaro, fue el creador del Sistema Dactiloscópico Argentino y uno de los hombres más importantes en la historia de la identificación humana. Hijo de Andrija Vučetić y Vincenza Giusina, creció en una pequeña comunidad del mar Adriático y recibió formación básica en un monasterio franciscano, donde aprendió idiomas, música y conocimientos generales. Su juventud transcurrió en un contexto europeo atravesado por crisis económicas, migraciones y transformaciones políticas, situación que motivó su decisión de emigrar hacia América.
En 1884, con aproximadamente 25 años de edad, llegó a la Argentina durante el gran proceso inmigratorio europeo. Primero se instaló en Buenos Aires y luego en La Plata, ciudad fundada apenas dos años antes y considerada símbolo del progreso y la modernización de la provincia de Buenos Aires. Allí comenzó realizando trabajos administrativos hasta ingresar, en 1888, a la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Su capacidad organizativa y su interés por la estadística y la ciencia lo llevaron rápidamente a desempeñarse en tareas vinculadas a la identificación de personas.
A fines del siglo XIX, las policías enfrentaban un enorme problema: cómo identificar correctamente a delincuentes y reincidentes en sociedades cada vez más urbanas y pobladas. En ese momento se utilizaba principalmente el sistema antropométrico creado por Alphonse Bertillon en Francia, conocido como bertillonaje, basado en mediciones corporales como el tamaño del cráneo, los brazos, las orejas y distintas partes del cuerpo. Aunque innovador para su época, el sistema presentaba dificultades y márgenes de error.
En 1891, Vucetich comenzó a estudiar las huellas digitales como método de identificación humana. Las huellas ya eran conocidas por algunos científicos europeos, pero nadie había logrado transformarlas en un sistema práctico y organizado de aplicación masiva. Allí aparece la verdadera genialidad de Vucetich: no descubrió las huellas digitales, sino que creó un sistema universal para clasificarlas, archivarlas y utilizarlas científicamente. Comprendió que cada persona posee dibujos papilares únicos e irrepetibles y desarrolló un método simple y eficaz para organizarlos. Su clasificación básica distinguía cuatro tipos fundamentales: arco, presilla interna, presilla externa y verticilo.
Las huellas digitales comienzan a formarse entre la décima y la decimosexta semana de gestación dentro del útero materno. Se originan por tensiones microscópicas en las capas de la piel durante el desarrollo embrionario y están influenciadas por factores genéticos y ambientales intrauterinos. Son permanentes durante toda la vida y ni siquiera los gemelos idénticos poseen las mismas huellas. Esa característica convirtió a la dactiloscopía en uno de los métodos de identificación más confiables de la historia.
El gran reconocimiento internacional llegó en 1892 con el célebre caso Francisca Rojas, ocurrido en Necochea. Francisca había asesinado a sus dos hijos e intentó culpar a un vecino. Durante la investigación se encontró una huella ensangrentada en la escena del crimen. Gracias al sistema desarrollado por Vucetich, se logró identificarla como autora
del hecho. Este episodio se convirtió en el primer crimen del mundo resuelto mediante huellas digitales y marcó un antes y un después en la historia de la criminalística. A partir de ese momento, la dactiloscopía comenzó a expandirse rápidamente.
El Sistema Dactiloscópico Argentino fue adoptado progresivamente por distintas policías y organismos estatales. La Argentina se convirtió en uno de los primeros países del mundo en utilizar masivamente huellas digitales para identificación policial y civil. Con el tiempo, el sistema comenzó a implementarse en numerosos países de América, Europa y Asia. Vucetich viajó internacionalmente difundiendo su método y enseñándolo en distintos lugares, incluso en Japón y China. Su sistema terminó reemplazando gradualmente al bertillonaje debido a su mayor precisión, simplicidad y confiabilidad.
Las huellas digitales comenzaron entonces a utilizarse en prontuarios policiales, registros civiles, documentación pública, cédulas, pasaportes, controles migratorios y sistemas judiciales. La identidad dejó de depender exclusivamente de nombres, fotografías o testimonios y pasó a poder verificarse científicamente a través del propio cuerpo humano. Décadas más tarde, organismos internacionales como INTERPOL desarrollarían sistemas globales de intercambio de información biométrica basados en los mismos principios impulsados por Vucetich.
Además de su carrera científica, la vida personal de Vucetich también estuvo marcada por distintas etapas familiares. Se casó en tres oportunidades y tuvo hijas llamadas María Teresa y María Débora. Su último matrimonio fue con María Cristina Flores, integrante de una reconocida familia dolorense e hija de Pedro Máximo Flores. A partir de comienzos del siglo XX, Vucetich comenzó a establecer un vínculo cada vez más fuerte con la ciudad de Dolores, donde finalmente decidió radicarse durante sus últimos años.
En Dolores llevó una vida más tranquila y reservada, aunque continuó escribiendo, investigando y manteniendo vínculos intelectuales. La ciudad ocupa un lugar fundamental en su historia porque allí transcurrió la última etapa de su vida. Juan Vucetich murió en Dolores el 25 de enero de 1925, a los 66 años de edad. Su acta de defunción menciona una bronconeumonía como causa de muerte. Fue enterrado inicialmente en el cementerio local y posteriormente sus restos fueron trasladados al Panteón de la Sociedad de Socorros Mutuos de la Policía en el Cementerio de La Plata, donde descansan actualmente.
Hoy, más de un siglo después, el legado de Vucetich continúa plenamente vigente. Las huellas digitales siguen utilizándose en investigaciones criminales, documentos de identidad, bancos, aeropuertos, sistemas migratorios, teléfonos celulares y tecnologías biométricas digitales en todo el mundo. Su obra modificó para siempre la relación entre identidad, ciencia, justicia y Estado. Desde una oficina de la Policía bonaerense y desde la Argentina, Juan Vucetich creó uno de los sistemas de identificación más importantes de la historia moderna y transformó definitivamente la manera en que el mundo entiende la identidad humana.
“En Dolores vivió un sabio…”
por Angel Ernesto Fortini
En este trabajo de investigación pretendo mostrar al sabio creador del sistema dactiloscópico Juan Vucetich como un vecino mas de la ciudad, la que brindo sus últimos años de existencia.
Había elegido la apacible vida pueblerina de Dolores en compañía de su familia, Maria Cristina Flores y sus hijos, buscando escapar , tal vez, de sus enemigos, descalificadotes, incisivos y tenaces, que no trepidaban en castigar con sus dichos hasta los últimos días de su muerte.
Impresiona hoy, a muchos de su desaparición, leer correspondencia familiar, la que tuvimos acceso en los días previos y posteriores, entre su mujer y el leal amigo y discípulo Luis Reyna Almandos. “Mi pobre Vucetich, sin mayor mejoría y muy debilitado por la falta de alimentos. Esta mañana recién pudo tomar una tacita de café con leche y felizmente le sentó. Hace días que sin alimento son las inyecciones y esta en continua somnolencia, no tiene fuerza, ni gusto para nada”, – escribía Maria Cristina Flores en carta fechada en Dolores el 12 de enero de 1925, 13 días antes de su muerte.
Puedo afirmar que el croata ya en 1901 pisaba suelo dolorense, “permaneciendo entre nosotros por algunos días”, como lo expresara el diario que dirigía Demetrio Rodríguez, “La Tarde”del día 18 de septiembre de ese año. Su estada entre nosotros restaba relacionada con una charla brindada al alumnado de la Escuela Normal el día 24. Y allí estaban los amigos destacados que contaba el sabio residentes todos aquí; el profesor Rodolfo Senet; Juan Bautista Selva; Francisco López Figueroa, – luego concuñado; Pedro García Fernández Arias, etc. Dos días y por tren del mediodía emprendía el regreso rumbo a la ciudad de La Plata. Había conformado su primer unión matrimonial con Felicia Damián, la hermana de quien fuera el presidente del Jockey Club Fortunato Damiani. De esa unión nació su primera heredera, la niña Maria Teresa.
El 28 de noviembre de 1901 quedaba instalada a instancias de Vucetich en la casa de justicia la oficina antropométrica de policía dirigida por el oficial Juan Frugonni.
Tomando como referencia lo apuntado en la sección sociales de los distintos diarios que se editaban por entonces, las visitas a nuestra ciudad eran mas que frecuentes, ya como jefe de la oficina de estadística e identificación en la policía provincial. Había enviudado y vuelto a casar con la señorita Dolores Lola Etcheverry, hija de Mariano Etcheverry y sobrina del ingeniero Angel Etcheverry, ex ministro de Obras Publicas, cuyo nombre hoy obstenta el distribuidor de transito de calle 44 y ruta
2,entrada a la ciudad de La Plata. Pero al mes y medio de nacer su segunda hija Maria Débora, vuelve a enviudar.
Reincide por tercera vez con una distinguida dama de la sociedad dolorense Maria Cristina Flores, hija del patriarca historiador y fundador de Lobería, el rentista Pedro máximo Flores, hijo a su vez de una tradicional familia originaria de nuestra Dolores. La unión por civil se celebraba a las 8 y ½ de la mañana, el 26 de septiembre de 1907 ante la autoridad del Registro Civil Alberto Hernández, y en presencia de los testigos, el abogado Manuel García Fernández de Arias; don Francisco José López, de profesión músico y casado con su cuñada, atestiguando además Juan Frugone y el educacionista Juan Gez. Juan Vucetich contaba por entonces con cuarenta y siete años; llegaba de su Lessina natal en compañía de su hermano menor Martín cuando había cumplido 26 años. Había nacido el 20 de julio de 1858.
Treinta años mas tarde se instala en la nueva capital, con un sueldo de $ 30, como meritorio en la policía. En aquel lugar alternó en varios domicilios como residencia ; supo vivir en la calle 58 casi esquina 5; luego en 6 entre 46 y 47; en 46 Nº 628 y finalmente en 60 entre 9 y 10.
Apuntemos algunos de los notables tuvo trato de amigos. Florencio Sánchez,-fue su empleado dilecto en la policía en el año 1891; Alfredo Palacios; José Ingenieros; Ramón melgar; Aristóbulo y Delfor del Valle; Luis Reyna Almandos, – su discípulo-; Alejandro Korn; Benito Lynch, todos ellos visitantes ilustres que alguna vez traspasaron los umbrales de la calle Pellegrini 207, residencia habitual del sabio en Dolores.
En el año 1909 prestaba juramento ante la Suprema Corte de Justicia como perito identificador en materia civil, penal y administrativa; mientras que en el año 1912 y por iniciativa del senador Dalmiro Sáenz, se decide recompensar con al suma de $ 100.000, por los servicios que ha prestado a la provincia como autor del sistema dactiloscópico.
Nos detenemos ahora en su aspecto físico. Al momento de otorgársele la ciudadanía argentina, Juan Vucetich media un metro sesenta y ocho centímetros, de pelo negro – cano; ojos pardos y usaba barba y bigote. En el lado izquierdo de la cara un lunar carnoso y otro mas pequeño blanco en la extremidad superior de la frente.
Hombre de mundo fino, tuvo una actuación social preponderante en nuestra ciudad. Su figura resultaba simpática para todos. Se había asociado al club Unión de calle Castelli, donde solía platicar por las tardes en compañía de los amigos. Poseía un verdadero donde gente, de gustos sencillos,- le gustaba mucho el rissoto con arroz.
Tocaba el piano llegando a componer vales y mazurcas. Se lo solía ver desandando el camino de su residencia, y cruzando la plaza central del
pueblo con paso sereno rumbo a misa en la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores, en compañía de los suyos.
Cuando su salud comenzó a sufrir deterioro, requirió la asistencia del galeno Abel M. Gatti en forma periódica, acudiendo al domicilio del profesional de calle Belgrano, hoy residencia de la familia Lamachia.
Una cruel dolencia se había apoderado de su cuerpo, en la laringe, que lo llevo a la inexorable muerte. Días antes arribaba a la ciudad a acompañar al viejo sabio y amigo Luis Reyna Almandos y su hermano Alberto.
Su vida se apago el domingo 25 de enero del año 1925 a las 0,2 de la madrugada. Sus restos fueron velados en el domicilio de Pedro Flores, suegro de aquel. Una capilla ardiente de la empresa fúnebre Carosino de calle Mitre fue instalada en el lugar en uno de sus salones, donde una guardia de honor conformada por guardia cárceles y agentes de policía, dando marco solemne al momento.
Fue incesante el paso de gente por el lugar, sin distingo de clase social, testimoniando de ese modo el cariño que se le tenía. Un cortejo numerosísimo acompaño hasta su ultima morada los restos, en donde se pronunciaron varios discursos enalteciendo su figura y poniendo de relieve su obra, convertida en universal. El cura párroco Bautista rezo un responso, prociendose a depositar el cadáver en la bóveda de la familia Flores.
Hicieron uso de la palabra en la tocante ceremonia de inhumación de sus restos los señores Rodolfo Senet; Juan Bautista Selva; Intendente Municipal Marelli; Dr. Luis Reyna Almandos; Dr. Aditardo Figueroa Ozzan y empleado de la policía Pedro Zanneta.
El profesor Rodolfo Senet, profesor“Adiós Vucetich…., ya no eres mas nuestro: la muerte te ha hecho demasiado gigante. Desde el 25 de enero de 1925 a las 2, penetraste en la inmortalidad; no en la consoladora inmortalidad hipotética, sin en la real y efectiva que acuerda la humanidad a sus grandes benefactores”.
En el seno del entorno familiar se recibieron numerosas adhesiones destacándose pésame del gobierno yugoeslavo, en estos términos: “En nombre del gobierno de su majestad Rey Alejandro, interpretando también sentimiento toda nuestra nación, especial modo los de isla nativa, sírvase aceptar mi profundo sentimiento de pesar por fallecimiento prestigioso sabio cuyo nombre queda ligado a verdadero progreso científico honrando mismo tiempo patria adoptiva cm país de origen”. Llevaba la firma del cónsul general Ivo Crisogemo.
El Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil Félix Pacheco, amigo personal del extinto hacia lo propio mediante telegrama en sentidos términos.
El reconocido músico, familiar de Vucetich, Francisco López Figueroa que hallaba ausente del país, en viaje a Paris, no pudo participar de los actos de sus exequias.
Vucetich por su descubrimiento de aceptación mundial había recibido numerosos reconocimientos destacándose el de la Universidad de Santos consistente en medalla de oro y diploma; la Sociedad de Antropología de París lo cobijaba en un seno como socio honorario; la República de Panama, medalla y diploma; China ,- país que visitara en 1913-,condecoración de la Orden del Sol y el obsequio de dos hermosos jarrones de bronce. Casi todos los gobiernos sudamericanos le discernieron honores como reconocimiento a su obra.
En la necrópolis de Dolores se mantuvieron sus restos hasta el día 27 de agosto de 1941, fecha en la cual fueron trasladados hacia la ciudad de La Plata. 16 años después de su muerte llegaban hasta aquí Nicolás Cortiglia, director del instituto dactiloscópico argentino, el escribano Omar Scarpatti, junto al hijo político de don Juan, el dactiloscópico Carlos López Morales, para el acto de la traslación de sus despojos.
El día 1º de septiembre de 1941 se procedía a depositar sus restos en el Panteón de la Sociedad de Socorros Mutuos de la policía.
Fuentes consultadas: Centro Cultural “Rolando Dorcas Berro”, Archivo Municipal.
Museo Policial, Ciudad de La Plata.
Diarios: “La Patria”; “El Tribuno”; “La Tarde”; “El Nacional; “La Reforma”.
MUNICIPAL HISTORICAL ARCHIVE OF DOLORES
Ingeniero Quadri 235 / doloresarchivohist@gmail.com / 44-0505
Juan Vucetich, born Ivan Vučetić on July 20, 1858, on the island of Hvar—formerly Lesina—in the Dalmatian region of the then Austro-Hungarian Empire, was the creator of the Argentine Dactyloscopic System and one of the most important figures in the history of human identification. Son of Andrija Vučetić and Vincenza Giusina, he grew up in a small Adriatic coastal community and received basic education at a Franciscan monastery, where he learned languages, music, and general humanities. His youth unfolded against the backdrop of a European context shaped by economic crises, migration, and political shifts, which prompted his decision to emigrate to the Americas.
In 1884, at approximately 25 years of age, he arrived in Argentina amid the great wave of European immigration. He initially settled in Buenos Aires and later in La Plata, a city founded just two years earlier and regarded as a symbol of progress and modernization in the province of Buenos Aires. There, he began working administrative jobs until joining the Buenos Aires Provincial Police force in 1888. His organizational skills and keen interest in statistics and science quickly led him to work in personal identification tasks.
In the late 19th century, police forces faced a major challenge: how to accurately identify criminals and repeat offenders in increasingly urbanized and populated societies. At the time, the primary method in use was the anthropometric system created by Alphonse Bertillon in France, known as bertillonage, which relied on body measurements such as skull size, arms, ears, and various physical proportions. Although innovative for its era, the system was prone to operational difficulties and margins of error.
In 1891, Vucetich began studying fingerprints as a method of human identification. Fingerprints were already known to several European scientists, but no one had managed to convert them into a practical, organized system for mass application. That is where Vucetich’s true genius lies: he did not discover fingerprints, but rather created a universal system to classify, archive, and utilize them scientifically. He understood that every individual possesses unique, unrepeatable papillary patterns and developed a simple, efficient method to categorize them. His core classification distinguished four fundamental types: arch, internal loop, external loop, and whorl.
Fingerprints begin to form between the tenth and sixteenth weeks of gestation inside the womb. They originate from microscopic stresses in the layers of the skin during embryonic development and are influenced by both genetic and intrauterine environmental factors. They remain permanent throughout a person’s entire life, and not even identical twins share the same prints. This unique trait made dactyloscopy one of the most reliable identification methods in history.
Major international recognition arrived in 1892 with the famous Francisca Rojas case in Necochea. Francisca had murdered her two children and attempted to frame a neighbor. During the investigation, a bloody fingerprint was discovered at the crime scene. Using the system developed by Vucetich, authorities successfully identified her as the perpetrator. This event became the first crime in the world solved through fingerprint identification, marking a turning point in the history of forensics. From that moment on, dactyloscopy began to spread rapidly.
The Argentine Dactyloscopic System was progressively adopted by various police units and state institutions. Argentina became one of the first countries in the world to deploy fingerprints on a massive scale for both civil and law enforcement identification. Over time, the system was implemented across numerous nations in the Americas, Europe, and Asia. Vucetich traveled internationally to promote and teach his method, traveling as far as Japan and China. His system ultimately replaced bertillonage due to its superior accuracy, simplicity, and reliability.
Fingerprints were subsequently integrated into police records, civil registries, public documents, identification cards, passports, border control, and judicial systems. Personal identity was no longer solely dependent on names, photographs, or witness testimony, but could now be scientifically verified through the human body itself. Decades later, international organizations such as INTERPOL would develop global biometric data exchange systems built on the same principles Vucetich had pioneered.
Beyond his scientific career, Vucetich’s personal life was marked by distinct family milestones. He married three times and fathered two daughters, María Teresa and María Débora. His final marriage was to María Cristina Flores, a member of a prominent family from Dolores and daughter of Pedro Máximo Flores. Starting in the early 20th century, Vucetich developed an increasingly close bond with the city of Dolores, where he ultimately chose to settle during his final years.
In Dolores, he led a quieter, more reserved life, though he continued writing, researching, and maintaining intellectual connections. The town holds a central place in his legacy as the backdrop to the closing chapter of his life. Juan Vucetich passed away in Dolores on January 25, 1925, at the age of 66. His death certificate lists bronchopneumonia as the cause of death. He was initially interred in the local cemetery, and his remains were later transferred to the Mutual Aid Society Vault of the Police Force at the La Plata Cemetery, where they rest today.
Today, more than a century later, Vucetich’s legacy remains fully alive. Fingerprints continue to be used worldwide in criminal investigations, identity documents, banking, airports, migration systems, mobile phones, and digital biometric technologies. His work permanently redefined the relationship between identity, science, justice, and the State. From an office in the Buenos Aires Provincial Police force and from Argentina, Juan Vucetich created one of the most important identification systems in modern history, fundamentally transforming how the world understands human identity.
“A Scholar Lived in Dolores…”
by Angel Ernesto Fortini
In this research work, I aim to present the learned creator of the dactyloscopic system, Juan Vucetich, as just another fellow resident of our town, where he spent the final years of his life.
He had chosen the peaceful small-town life of Dolores alongside his family—his wife, María Cristina Flores, and their children—seeking to escape, perhaps, his relentless, harsh, and persistent detractors, who did not hesitate to attack him with their remarks right up to his final days.
Even today, long after his passing, it is moving to read the family correspondence from the days leading up to and immediately following his death—letters between his wife and his loyal friend and disciple, Luis Reyna Almandos, to which we had access. “My poor Vucetich shows no real improvement and is very weakened by the lack of food. Just this morning he was able to have a small cup of coffee with milk, and fortunately it agreed with him. It has been days without food, relying only on injections, and he is in a continuous stupor, with no strength or appetite for anything,” wrote María Cristina Flores in a letter dated in Dolores on January 12, 1925, just 13 days before his death.
I can confirm that the Croatian scholar was setting foot on local soil as early as 1901, “remaining among us for a few days,” as reported by La Tarde, the newspaper edited by Demetrio Rodríguez, on September 18 of that year. His stay was tied to a lecture delivered to the student body at the Normal School on the 24th. Present there were several prominent local friends who resided here: Professor Rodolfo Senet, Juan Bautista Selva, Francisco López Figueroa (later his brother-in-law), Pedro García Fernández Arias, among others. Two days later, he boarded the noon train back to La Plata. He had contracted his first marriage with Felicia Damián, sister to Fortunato Damiani, then president of the Jockey Club. From that union, his first child, María Teresa, was born.
On November 28, 1901, at Vucetich’s request, the police anthropometric office was established at the local courthouse, headed by Officer Juan Frugoni.
Judging by the social pages of various local newspapers published at the time, his visits to our city were frequent during his tenure as head of the provincial police’s statistics and identification bureau. Having been widowed, he remarried, taking Miss Dolores “Lola” Etcheverry as his wife, daughter of Mariano Etcheverry and niece of Engineer Ángel Etcheverry—former Minister of Public Works, whose name is now borne by the traffic roundabout at 44th Street and Route 2 at the entrance to La Plata. However, just a month and a half after the birth of his second daughter, María Débora, he was widowed once again.
He married for a third time to a distinguished lady of local high society, María Cristina Flores, daughter of the patriarch, historian, and founder of Lobería, Pedro Máximo Flores—himself a descendant of a prominent family originating from Dolores. The civil ceremony took place at 8:30 a.m. on September 26, 1907, before Civil Registry authority Alberto Hernández, witnessed by attorney Manuel García Fernández de Arias; Don Francisco José López, a musician married to his sister-in-law; as well as Juan Frugone and educator Juan Gez. Juan Vucetich was forty-seven years old at the time. He had arrived from his native Lesina accompanied by his younger brother Martín when he turned 26, having been born on July 20, 1858.
Thirty years prior, he had settled in the new provincial capital with a wage of 30 pesos as an entry-level police clerk. In La Plata, he lived at several different addresses over time: on 58th Street near the corner of 5th; then on 6th between 46th and 47th; at 46th Street No. 628; and finally on 60th between 9th and 10th.
It is worth noting some of the prominent figures with whom he shared friendships: Florencio Sánchez—who was a favored employee of his in the police force in 1891—Alfredo Palacios, José Ingenieros, Ramón Melgar, Aristóbulo and Delfor del Valle, Luis Reyna Almandos (his disciple), Alejandro Korn, and Benito Lynch, all of whom were illustrious visitors who at one point or another crossed the threshold of Pellegrini Street 207, the scholar’s residence in Dolores.
In 1909, he was sworn in before the Supreme Court of Justice as an identification expert in civil, criminal, and administrative matters. In 1912, on the initiative of Senator Dalmiro Sáenz, it was decided to award him 100,000 pesos in recognition of his service to the province as creator of the dactyloscopic system.
Turning now to his physical appearance: at the time he was granted Argentine citizenship, Juan Vucetich stood one meter sixty-eight centimeters tall (5 ft 6 in), with dark graying hair, brown eyes, a beard, and a mustache. He had a fleshy mole on the left side of his face and a smaller white mark on the upper edge of his forehead.
A refined man of the world, he played a prominent role in local social life. He was well liked by everyone. He joined the Union Club on Castelli Street, where he enjoyed spending afternoons chatting with friends. He possessed natural charm and simple tastes—he was particularly fond of rice risotto. He played the piano and even composed waltzes and mazurkas. He could often be seen walking from his residence across the town’s central square at a calm pace on his way to mass at the Church of Our Lady of Sorrows, accompanied by his family.
When his health began to decline, he regularly sought medical care from Dr. Abel M. Gatti, visiting the doctor’s home office on Belgrano Street—now the residence of the Lamachia family.
A severe laryngeal ailment took hold of his body, ultimately leading to his death. Days prior, his friend and disciple Luis Reyna Almandos had arrived in the city alongside his brother Alberto to be by the aging scholar’s side.
His life quieted on Sunday, January 25, 1925, at 12:02 a.m. His wake was held at the home of his father-in-law, Pedro Flores. A funeral chapel provided by the Carosino funeral home on Mitre Street was set up in one of the parlors, where a guard of honor composed of prison guards and police officers gave solemnity to the moment.
A steady stream of people from all walks of life passed through to pay their respects, bearing witness to the deep affection felt for him. A massive procession accompanied his remains to their final resting place, where several speeches were delivered praising his character and highlighting his work, which had achieved global reach. Parish priest Bautista recited a response prayer before the body was placed in the Flores family vault.
Speaking during the moving interment ceremony were Rodolfo Senet, Juan Bautista Selva, Municipal Mayor Marelli, Dr. Luis Reyna Almandos, Dr. Aditardo Figueroa Ozzan, and police employee Pedro Zanneta.
Professor Rodolfo Senet declared: “Farewell, Vucetich… You are no longer ours: death has made you a giant. On January 25, 1925, at 2:00, you entered immortality; not a comforting, hypothetical immortality, but the real and tangible one granted by humanity to its greatest benefactors.”
Numerous condolences poured in to the family, notably a telegram from the Yugoslav government which read: “On behalf of the government of His Majesty King Alexander, reflecting the sentiment of our entire nation, and especially that of your native island, please accept my deepest condolences on the passing of the prestigious scholar whose name remains linked to true scientific progress, honoring both his adopted homeland and his country of origin.” It was signed by Consul General Ivo Crisogemo.
The Minister of Foreign Affairs of Brazil, Félix Pacheco, a personal friend of Vucetich, sent a heartfelt telegram expressing similar sentiments.
The renowned musician Francisco López Figueroa, a relative of Vucetich, was out of the country on a trip to Paris and was unable to attend the funeral services.
For his globally accepted discovery, Vucetich received numerous honors, most notably a gold medal and diploma from the University of Santos; honorary membership in the Anthropological Society of Paris; a medal and diploma from the Republic of Panama; and from China—a country he visited in 1913—the Decoration of the Order of the Sun alongside two bronze vases. Nearly all South American governments conferred honors upon him in recognition of his work.
His remains stayed in the Dolores cemetery until August 27, 1941, when they were transferred to the city of La Plata. Sixteen years after his death, Nicolás Cortiglia, director of the Argentine Dactyloscopic Institute, notary Omar Scarpatti, and Vucetich’s son-in-law, dactyloscopist Carlos López Morales, arrived in town to oversee the relocation of his remains.
On September 1, 1941, his remains were interred in the Police Mutual Aid Society Vault.
Sources consulted:
“Rolando Dorcas Berro” Cultural Center, Municipal Archive.
Police Museum, City of La Plata.
Newspapers: La Patria, El Tribuno, La Tarde, El Nacional, La Reforma.









