ARCHIVO HISTORICO MUNICIPAL DOLORES
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Juan Vucetich, nacido como Ivan Vučetić el 20 de julio de 1858 en la isla de Hvar —antigua Lesina—, en la región de Dalmacia del entonces Imperio Austrohúngaro, fue el creador del Sistema Dactiloscópico Argentino y uno de los hombres más importantes en la historia de la identificación humana. Hijo de Andrija Vučetić y Vincenza Giusina, creció en una pequeña comunidad del mar Adriático y recibió formación básica en un monasterio franciscano, donde aprendió idiomas, música y conocimientos generales. Su juventud transcurrió en un contexto europeo atravesado por crisis económicas, migraciones y transformaciones políticas, situación que motivó su decisión de emigrar hacia América.

En 1884, con aproximadamente 25 años de edad, llegó a la Argentina durante el gran proceso inmigratorio europeo. Primero se instaló en Buenos Aires y luego en La Plata, ciudad fundada apenas dos años antes y considerada símbolo del progreso y la modernización de la provincia de Buenos Aires. Allí comenzó realizando trabajos administrativos hasta ingresar, en 1888, a la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Su capacidad organizativa y su interés por la estadística y la ciencia lo llevaron rápidamente a desempeñarse en tareas vinculadas a la identificación de personas.

A fines del siglo XIX, las policías enfrentaban un enorme problema: cómo identificar correctamente a delincuentes y reincidentes en sociedades cada vez más urbanas y pobladas. En ese momento se utilizaba principalmente el sistema antropométrico creado por Alphonse Bertillon en Francia, conocido como bertillonaje, basado en mediciones corporales como el tamaño del cráneo, los brazos, las orejas y distintas partes del cuerpo. Aunque innovador para su época, el sistema presentaba dificultades y márgenes de error.

En 1891, Vucetich comenzó a estudiar las huellas digitales como método de identificación humana. Las huellas ya eran conocidas por algunos científicos europeos, pero nadie había logrado transformarlas en un sistema práctico y organizado de aplicación masiva. Allí aparece la verdadera genialidad de Vucetich: no descubrió las huellas digitales, sino que creó un sistema universal para clasificarlas, archivarlas y utilizarlas científicamente. Comprendió que cada persona posee dibujos papilares únicos e irrepetibles y desarrolló un método simple y eficaz para organizarlos. Su clasificación básica distinguía cuatro tipos fundamentales: arco, presilla interna, presilla externa y verticilo.

Las huellas digitales comienzan a formarse entre la décima y la decimosexta semana de gestación dentro del útero materno. Se originan por tensiones microscópicas en las capas de la piel durante el desarrollo embrionario y están influenciadas por factores genéticos y ambientales intrauterinos. Son permanentes durante toda la vida y ni siquiera los gemelos idénticos poseen las mismas huellas. Esa característica convirtió a la dactiloscopía en uno de los métodos de identificación más confiables de la historia.

El gran reconocimiento internacional llegó en 1892 con el célebre caso Francisca Rojas, ocurrido en Necochea. Francisca había asesinado a sus dos hijos e intentó culpar a un vecino. Durante la investigación se encontró una huella ensangrentada en la escena del crimen. Gracias al sistema desarrollado por Vucetich, se logró identificarla como autora
del hecho. Este episodio se convirtió en el primer crimen del mundo resuelto mediante huellas digitales y marcó un antes y un después en la historia de la criminalística. A partir de ese momento, la dactiloscopía comenzó a expandirse rápidamente.

El Sistema Dactiloscópico Argentino fue adoptado progresivamente por distintas policías y organismos estatales. La Argentina se convirtió en uno de los primeros países del mundo en utilizar masivamente huellas digitales para identificación policial y civil. Con el tiempo, el sistema comenzó a implementarse en numerosos países de América, Europa y Asia. Vucetich viajó internacionalmente difundiendo su método y enseñándolo en distintos lugares, incluso en Japón y China. Su sistema terminó reemplazando gradualmente al bertillonaje debido a su mayor precisión, simplicidad y confiabilidad.

Las huellas digitales comenzaron entonces a utilizarse en prontuarios policiales, registros civiles, documentación pública, cédulas, pasaportes, controles migratorios y sistemas judiciales. La identidad dejó de depender exclusivamente de nombres, fotografías o testimonios y pasó a poder verificarse científicamente a través del propio cuerpo humano. Décadas más tarde, organismos internacionales como INTERPOL desarrollarían sistemas globales de intercambio de información biométrica basados en los mismos principios impulsados por Vucetich.

Además de su carrera científica, la vida personal de Vucetich también estuvo marcada por distintas etapas familiares. Se casó en tres oportunidades y tuvo hijas llamadas María Teresa y María Débora. Su último matrimonio fue con María Cristina Flores, integrante de una reconocida familia dolorense e hija de Pedro Máximo Flores. A partir de comienzos del siglo XX, Vucetich comenzó a establecer un vínculo cada vez más fuerte con la ciudad de Dolores, donde finalmente decidió radicarse durante sus últimos años.

En Dolores llevó una vida más tranquila y reservada, aunque continuó escribiendo, investigando y manteniendo vínculos intelectuales. La ciudad ocupa un lugar fundamental en su historia porque allí transcurrió la última etapa de su vida. Juan Vucetich murió en Dolores el 25 de enero de 1925, a los 66 años de edad. Su acta de defunción menciona una bronconeumonía como causa de muerte. Fue enterrado inicialmente en el cementerio local y posteriormente sus restos fueron trasladados al Panteón de la Sociedad de Socorros Mutuos de la Policía en el Cementerio de La Plata, donde descansan actualmente.

Hoy, más de un siglo después, el legado de Vucetich continúa plenamente vigente. Las huellas digitales siguen utilizándose en investigaciones criminales, documentos de identidad, bancos, aeropuertos, sistemas migratorios, teléfonos celulares y tecnologías biométricas digitales en todo el mundo. Su obra modificó para siempre la relación entre identidad, ciencia, justicia y Estado. Desde una oficina de la Policía bonaerense y desde la Argentina, Juan Vucetich creó uno de los sistemas de identificación más importantes de la historia moderna y transformó definitivamente la manera en que el mundo entiende la identidad humana.

“En Dolores vivió un sabio…”
por Angel Ernesto Fortini

En este trabajo de investigación pretendo mostrar al sabio creador del sistema dactiloscópico Juan Vucetich como un vecino mas de la ciudad, la que brindo sus últimos años de existencia.

Había elegido la apacible vida pueblerina de Dolores en compañía de su familia, Maria Cristina Flores y sus hijos, buscando escapar , tal vez, de sus enemigos, descalificadotes, incisivos y tenaces, que no trepidaban en castigar con sus dichos hasta los últimos días de su muerte.

Impresiona hoy, a muchos de su desaparición, leer correspondencia familiar, la que tuvimos acceso en los días previos y posteriores, entre su mujer y el leal amigo y discípulo Luis Reyna Almandos. “Mi pobre Vucetich, sin mayor mejoría y muy debilitado por la falta de alimentos. Esta mañana recién pudo tomar una tacita de café con leche y felizmente le sentó. Hace días que sin alimento son las inyecciones y esta en continua somnolencia, no tiene fuerza, ni gusto para nada”, – escribía Maria Cristina Flores en carta fechada en Dolores el 12 de enero de 1925, 13 días antes de su muerte.

Puedo afirmar que el croata ya en 1901 pisaba suelo dolorense, “permaneciendo entre nosotros por algunos días”, como lo expresara el diario que dirigía Demetrio Rodríguez, “La Tarde”del día 18 de septiembre de ese año. Su estada entre nosotros restaba relacionada con una charla brindada al alumnado de la Escuela Normal el día 24. Y allí estaban los amigos destacados que contaba el sabio residentes todos aquí; el profesor Rodolfo Senet; Juan Bautista Selva; Francisco López Figueroa, – luego concuñado; Pedro García Fernández Arias, etc. Dos días y por tren del mediodía emprendía el regreso rumbo a la ciudad de La Plata. Había conformado su primer unión matrimonial con Felicia Damián, la hermana de quien fuera el presidente del Jockey Club Fortunato Damiani. De esa unión nació su primera heredera, la niña Maria Teresa.

El 28 de noviembre de 1901 quedaba instalada a instancias de Vucetich en la casa de justicia la oficina antropométrica de policía dirigida por el oficial Juan Frugonni.

Tomando como referencia lo apuntado en la sección sociales de los distintos diarios que se editaban por entonces, las visitas a nuestra ciudad eran mas que frecuentes, ya como jefe de la oficina de estadística e identificación en la policía provincial. Había enviudado y vuelto a casar con la señorita Dolores Lola Etcheverry, hija de Mariano Etcheverry y sobrina del ingeniero Angel Etcheverry, ex ministro de Obras Publicas, cuyo nombre hoy obstenta el distribuidor de transito de calle 44 y ruta
2,entrada a la ciudad de La Plata. Pero al mes y medio de nacer su segunda hija Maria Débora, vuelve a enviudar.

Reincide por tercera vez con una distinguida dama de la sociedad dolorense Maria Cristina Flores, hija del patriarca historiador y fundador de Lobería, el rentista Pedro máximo Flores, hijo a su vez de una tradicional familia originaria de nuestra Dolores. La unión por civil se celebraba a las 8 y ½ de la mañana, el 26 de septiembre de 1907 ante la autoridad del Registro Civil Alberto Hernández, y en presencia de los testigos, el abogado Manuel García Fernández de Arias; don Francisco José López, de profesión músico y casado con su cuñada, atestiguando además Juan Frugone y el educacionista Juan Gez. Juan Vucetich contaba por entonces con cuarenta y siete años; llegaba de su Lessina natal en compañía de su hermano menor Martín cuando había cumplido 26 años. Había nacido el 20 de julio de 1858.
Treinta años mas tarde se instala en la nueva capital, con un sueldo de $ 30, como meritorio en la policía. En aquel lugar alternó en varios domicilios como residencia ; supo vivir en la calle 58 casi esquina 5; luego en 6 entre 46 y 47; en 46 Nº 628 y finalmente en 60 entre 9 y 10.

Apuntemos algunos de los notables tuvo trato de amigos. Florencio Sánchez,-fue su empleado dilecto en la policía en el año 1891; Alfredo Palacios; José Ingenieros; Ramón melgar; Aristóbulo y Delfor del Valle; Luis Reyna Almandos, – su discípulo-; Alejandro Korn; Benito Lynch, todos ellos visitantes ilustres que alguna vez traspasaron los umbrales de la calle Pellegrini 207, residencia habitual del sabio en Dolores.

En el año 1909 prestaba juramento ante la Suprema Corte de Justicia como perito identificador en materia civil, penal y administrativa; mientras que en el año 1912 y por iniciativa del senador Dalmiro Sáenz, se decide recompensar con al suma de $ 100.000, por los servicios que ha prestado a la provincia como autor del sistema dactiloscópico.

Nos detenemos ahora en su aspecto físico. Al momento de otorgársele la ciudadanía argentina, Juan Vucetich media un metro sesenta y ocho centímetros, de pelo negro – cano; ojos pardos y usaba barba y bigote. En el lado izquierdo de la cara un lunar carnoso y otro mas pequeño blanco en la extremidad superior de la frente.

Hombre de mundo fino, tuvo una actuación social preponderante en nuestra ciudad. Su figura resultaba simpática para todos. Se había asociado al club Unión de calle Castelli, donde solía platicar por las tardes en compañía de los amigos. Poseía un verdadero donde gente, de gustos sencillos,- le gustaba mucho el rissoto con arroz.

Tocaba el piano llegando a componer vales y mazurcas. Se lo solía ver desandando el camino de su residencia, y cruzando la plaza central del
pueblo con paso sereno rumbo a misa en la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores, en compañía de los suyos.

Cuando su salud comenzó a sufrir deterioro, requirió la asistencia del galeno Abel M. Gatti en forma periódica, acudiendo al domicilio del profesional de calle Belgrano, hoy residencia de la familia Lamachia.

Una cruel dolencia se había apoderado de su cuerpo, en la laringe, que lo llevo a la inexorable muerte. Días antes arribaba a la ciudad a acompañar al viejo sabio y amigo Luis Reyna Almandos y su hermano Alberto.

Su vida se apago el domingo 25 de enero del año 1925 a las 0,2 de la madrugada. Sus restos fueron velados en el domicilio de Pedro Flores, suegro de aquel. Una capilla ardiente de la empresa fúnebre Carosino de calle Mitre fue instalada en el lugar en uno de sus salones, donde una guardia de honor conformada por guardia cárceles y agentes de policía, dando marco solemne al momento.

Fue incesante el paso de gente por el lugar, sin distingo de clase social, testimoniando de ese modo el cariño que se le tenía. Un cortejo numerosísimo acompaño hasta su ultima morada los restos, en donde se pronunciaron varios discursos enalteciendo su figura y poniendo de relieve su obra, convertida en universal. El cura párroco Bautista rezo un responso, prociendose a depositar el cadáver en la bóveda de la familia Flores.

Hicieron uso de la palabra en la tocante ceremonia de inhumación de sus restos los señores Rodolfo Senet; Juan Bautista Selva; Intendente Municipal Marelli; Dr. Luis Reyna Almandos; Dr. Aditardo Figueroa Ozzan y empleado de la policía Pedro Zanneta.

El profesor Rodolfo Senet, profesor“Adiós Vucetich…., ya no eres mas nuestro: la muerte te ha hecho demasiado gigante. Desde el 25 de enero de 1925 a las 2, penetraste en la inmortalidad; no en la consoladora inmortalidad hipotética, sin en la real y efectiva que acuerda la humanidad a sus grandes benefactores”.

En el seno del entorno familiar se recibieron numerosas adhesiones destacándose pésame del gobierno yugoeslavo, en estos términos: “En nombre del gobierno de su majestad Rey Alejandro, interpretando también sentimiento toda nuestra nación, especial modo los de isla nativa, sírvase aceptar mi profundo sentimiento de pesar por fallecimiento prestigioso sabio cuyo nombre queda ligado a verdadero progreso científico honrando mismo tiempo patria adoptiva cm país de origen”. Llevaba la firma del cónsul general Ivo Crisogemo.

El Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil Félix Pacheco, amigo personal del extinto hacia lo propio mediante telegrama en sentidos términos.
El reconocido músico, familiar de Vucetich, Francisco López Figueroa que hallaba ausente del país, en viaje a Paris, no pudo participar de los actos de sus exequias.

Vucetich por su descubrimiento de aceptación mundial había recibido numerosos reconocimientos destacándose el de la Universidad de Santos consistente en medalla de oro y diploma; la Sociedad de Antropología de París lo cobijaba en un seno como socio honorario; la República de Panama, medalla y diploma; China ,- país que visitara en 1913-,condecoración de la Orden del Sol y el obsequio de dos hermosos jarrones de bronce. Casi todos los gobiernos sudamericanos le discernieron honores como reconocimiento a su obra.

En la necrópolis de Dolores se mantuvieron sus restos hasta el día 27 de agosto de 1941, fecha en la cual fueron trasladados hacia la ciudad de La Plata. 16 años después de su muerte llegaban hasta aquí Nicolás Cortiglia, director del instituto dactiloscópico argentino, el escribano Omar Scarpatti, junto al hijo político de don Juan, el dactiloscópico Carlos López Morales, para el acto de la traslación de sus despojos.

El día 1º de septiembre de 1941 se procedía a depositar sus restos en el Panteón de la Sociedad de Socorros Mutuos de la policía.
Fuentes consultadas: Centro Cultural “Rolando Dorcas Berro”, Archivo Municipal.

Museo Policial, Ciudad de La Plata.
Diarios: “La Patria”; “El Tribuno”; “La Tarde”; “El Nacional; “La Reforma”.